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Detrás de los beats: las mujeres que están reescribiendo el reggaeton desde los estudios de grabación

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Detrás de los beats: las mujeres que están reescribiendo el reggaeton desde los estudios de grabación

Cuando suena un hit de reggaeton en la radio, lo primero que viene a la mente es el artista que lo interpreta. Pero detrás de cada bombo, cada sample y cada melodía que se te queda pegada en la cabeza durante semanas, hay una cadena de decisiones creativas que alguien tomó en silencio, frente a una pantalla llena de pistas de audio. Cada vez más, esa persona es una mujer.

La industria musical latina lleva décadas siendo un terreno mayoritariamente masculino, especialmente en los géneros urbanos. Sin embargo, algo está cambiando. Y no de forma tímida ni gradual: está cambiando con fuerza, con talento y con una determinación que ya no acepta ser ignorada.

Más allá del micrófono: el poder de producir

Hablar de mujeres en el reggaeton suele reducirse a nombrar a las artistas que están en primera línea: Karol G, Bad Gyal, Tokischa. Pero el ecosistema de la música urbana latina es mucho más amplio, y en sus capas más técnicas y estratégicas está emergiendo una generación de mujeres que no buscan el centro del escenario, sino el control total del proceso creativo.

Productoras como La Cienaga, colectivo con base en Puerto Rico, o figuras como Nesi, que ha trabajado en proyectos con artistas de primera línea del trap y el reggaeton latinoamericano, están demostrando que el talento para construir un beat no tiene género. Estas mujeres no solo crean la música: también negocian los contratos de producción, gestionan los derechos de autor y toman decisiones que afectan directamente al éxito comercial de un tema.

En España, el fenómeno también tiene nombre propio. Productoras como Rebeca Lane, aunque más vinculada al hip-hop feminista centroamericano, han influido en toda una generación de creadoras europeas de origen latino que hoy trabajan en estudios de Madrid, Barcelona y Valencia, fusionando el sonido caribeño con referencias más cercanas al público español.

Ingenieras de sonido: el oficio invisible que da forma al todo

Si la producción sigue siendo un espacio en conquista, la ingeniería de sonido es aún más opaca para el público general. Y sin embargo, es una de las disciplinas más determinantes en el resultado final de cualquier canción.

Las ingenieras de mezcla y masterización son las responsables de que un tema suene igual de bien en unos auriculares baratos que en el sistema de sonido de un festival. Son las que equilibran frecuencias, eliminan ruidos, comprimen dinámicas y consiguen que esa voz suene como si te estuviera hablando directamente al oído.

En América Latina, organizaciones como Mujeres en la Música —con presencia en México, Colombia y Argentina— están documentando y visibilizando el trabajo de estas profesionales. Según sus propios datos, menos del 5% de los créditos de ingeniería de sonido en álbumes de reggaeton publicados entre 2018 y 2023 corresponden a mujeres. Un dato que escandaliza, pero que también revela el enorme potencial de crecimiento que existe.

Algunas de estas ingenieras, cansadas de la invisibilidad, han comenzado a crear sus propios estudios y a ofrecer formación a otras mujeres. Es el caso de varios colectivos en Medellín y en San Juan que organizan talleres de producción y masterización exclusivamente dirigidos a mujeres y disidencias, con el objetivo de romper el ciclo de exclusión desde la base.

Compositoras: las arquitectas de los hits

Escribir una canción de reggaeton que funcione no es tan sencillo como parece. Hay una arquitectura muy específica: el gancho en el estribillo, la narrativa en el verso, la cadencia rítmica que encaja con el riddim. Y hay mujeres que llevan años dominando ese arte en la sombra.

La figura de la compositora "fantasma" en el reggaeton es más común de lo que se reconoce públicamente. Mujeres que firman acuerdos de cesión de derechos a cambio de un pago único, viendo cómo sus letras se convierten en éxitos globales sin que su nombre aparezca en los créditos. La industria lo sabe, y poco a poco la conversación sobre la equidad en los créditos está llegando también al mundo urbano latino.

Pero hay quienes han decidido no ceder más. Compositoras como Kany García, aunque más asociada al pop romántico, han abierto camino para que otras mujeres reivindiquen su autoría con orgullo. Y en el terreno del reggaeton más comercial, nombres como los de Natti Natasha —que compone la mayoría de sus propios temas— están demostrando que ser intérprete y compositora no es una excepción, sino una elección estratégica que da más poder y más autonomía.

El modelo empresarial: de artista a ejecutiva

Quizás el cambio más radical está ocurriendo en la dimensión empresarial. La nueva generación de mujeres en el reggaeton no se conforma con ser un eslabón de la cadena: quieren ser dueñas de la cadena entera.

Karol G es el ejemplo más visible, con su propio sello discográfico y el control absoluto sobre su imagen y su catálogo. Pero no es la única. En Colombia, Argentina, República Dominicana y Puerto Rico están surgiendo mujeres que montan sus propias productoras, gestionan artistas emergentes y negocian directamente con las plataformas de streaming sin intermediarios.

Este modelo de independencia total, que ya vimos consolidarse en el hip-hop estadounidense con figuras como Rapsody o Cardi B, está llegando al reggaeton latinoamericano con una fuerza renovada. Y tiene sentido: en un momento en que Spotify, Apple Music y YouTube han democratizado la distribución, el control del producto y de los datos del oyente vale tanto como el talento artístico.

Lo que viene: una industria que ya no puede ignorarlas

La revolución no es futura. Ya está pasando. Cada vez que una mujer firma un crédito de producción en un álbum de reggaeton, cada vez que una ingeniera de sonido pone su nombre en la masterización de un hit, cada vez que una compositora exige su porcentaje de regalías, el paisaje de la industria musical latina cambia un poco más.

En Lo Canto creemos que contar estas historias no es solo un ejercicio de visibilidad: es un acto de justicia cultural. El ritmo de América Latina late con la energía de millones de personas, y muchas de las manos que lo construyen son manos de mujeres que merecen ser nombradas, reconocidas y celebradas.

El micrófono siempre estuvo ahí. Lo que está cambiando es quién decide cómo suena.

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